lunes, 7 de febrero de 2011

Crítica: Elisa K


Elisa K: 7,5(****)
Un retrato intimista se pasó ante los ojos del último festival de San Sebastián, fue aplaudido y se llevó el segundo premio más importante del certamen, y el hecho es que el film no es para menos, un historia llena de dureza, pero a la vez de dulzura, un retrato construido desde el ingenio y la originalidad. Los planos utilizados asombran por la inquietud de la propuesta y por mostrar un cine diferente, íntimo y único. Si hay algo en lo que falla es que a veces está tan obsesionada con su arte que se olvida de seducir al espectador, quiere mostrarnos una nueva manera de expresar, de desarrollar la visualización artística, dejando de lado por momentos la fuerza de la trama. Pero en general el film resulta interesante y cautivador. Jordi Cadena escribe un guión lleno de sutilezas y de momentos de gran fuerza dramática, sobre una fantástica base de Lolita Bosch, sin duda dirección y guión son elementos de gran importancia en un film de estas características, un film que juega con el arte, y se cree su arte. Otro punto a favor es el reparto, sobre todo las interpretaciones femeninas, cabe destacar una imponente Aina Clotet y una maravillosa Lydia Zimmermann, ellas dos mueven el complejo trabajo actoral acompañadas de actores que gozan de naturalidad y química. Entre los aspectos técnicos, asombra el gran juego sonoro, capaz de captar cada mirada, cada gesto y cada muestra de emociones. La fotografía, sin duda, brilla con "luz" propia, es capaz de conseguir una atmósfera arrebatadora y única. Consigue un buen contraste entre niñez y madurez, entre inocencia y dolor, absolutamente magistral. "Elisa K" es una historia que se queda muy dentro de la retina, pero también muy dentro de los oídos, es una película para meditarla y pensarla, reflexionar sobre el abuso a menores, tema central, y que seguimos obviando y olvidando, plantarle "cara" de una vez, tal como hace este film con valentía.

Lo mejor: La innovación de la propuesta y la ingeniosa fotografía.

Lo peor: A veces se vuelve demasiado estética.