miércoles, 23 de marzo de 2011

Crítica: La última cima


La última cima: 7(***)

Interesante, inquietante, atrevida. Se echaba de menos una película que mostrara la vida desde una perspectiva tan optimista, tan persuasoria. La historia de Pablo nos convence de que vivir merece la pena, y que vida no hay más que una y hay que aprovecharla. Lo que importa en el "camino" de Pablo no es una creencia, o la existencia de un Dios, sino su manera de entender la existencia, de absoluta entrega a los demás, acogiendo a todo el mundo, evitando cualquier tipo de descriminación, de odio y venganza. Pablo supo ser persona, y lo consiguió abriendo su corazón al prójimo. Este archivo recoge la figura de esa persona llena de valores, desde las diversas "esquinas" de la sociedad, nos muestra un consenso, una manera de alcanzar la concordancia y disfrutar en paz y armonía. El protagonista de este apasionante relato, lo consiguió, consiguió unificar a todas y cada una de las personas, bajo una única misión, vivir para y por los demás, y aprender a ser feliz. Con un arranque atronador, el film decae poco a poco hasta llegar a ser un panfleto publicitario, al servicio de la iglesia, mostrándonos una institución sin errores, generosa y que acoge a todo el mundo, utilizando como garante la figura de Pablo. No reconoce sus fallos, los obvia y sigue envenenando las "mentes", de esta manera el film se acoge a esta política, y resulta publicitario, perdiendo la calidad de su guión para ponerse al servicio de la iglesia. Pero a niveles generales, la película funciona y bastante bien, gracias, sobre todo, a su dinamismo y ágil ritmo, proporcionado por el audaz montaje y los buenos diálogos, su carta de presentación es interesante y nos ofrece una buena sugerencia. No hay grandes artificios técnicos, ni grandes interpretaciones, pero si que hay un film sencillo, humano y honrado.

Lo mejor: Su carta de valores.

Lo peor: Su condición de panfleto publicitario.