martes, 31 de enero de 2012

Crítica: La chispa de la vida


La chispa de la vida: 6(***)
Álex de la Iglesia vuelve a su terreno, un terreno característico y curioso marcado por ese humor afilado y sangrante, que o te lleva al delirio, o al odio profundo a toda su obra. Un sello personal que sigue introduciéndonos en situaciones de locura, surrealismo y de denuncia social. La crítica, la sátira sobre los grandes errores sociales prevalece y empapa todas sus historias de principio a fin. El absurdo de la existencia sigue marcando la vida y obra de este peculiar cineasta. Sus frases e imágenes atraviesan la piel del espectador, hasta hacerlo sangrar de dolor o de risa. La hipótesis que encarna su esencia está totalmente estructurada por la rareza y la peculiaridad, por su asombrosa forma de provocar reacciones adversas ante una situación realmente escabrosa. Su último film, como no iba a ser menos, conserva el sello De la Iglesia, por todos los frentes. Aunque el gran mérito de este film, no es ese humor sangrante, sino su conseguida actualidad. La tercera cultura marca esta era cibernética, donde los medios de comunicación articulan el entramado social. Todo lo mueven y lo destruyen, absorbiendo la personalidad humana, las delicias de la vida, el carácter, la sincera armonía de lo existente, mediante un ataque corrosivo, que nos hace vivir materizalizados tal como decía Marx, así como articulados dentro de un guiñol en el que somos las marionetas. Aunque Álex, en cierta manera no es tan abrasivo, y cae en la benevolencia, creyendo en ciertos personajes y en su capacidad de luchar contra las cadenas de la injusticia, y así como de ese complejo juego basado en la económica visión de una vida, materialmente atrapada en el seno de los medios, que la mueven a su antojo. En ese aspecto la película consigue su labor más arriesgada, pero el gran error viene a la hora de contar, y manejar esa actualidad, la forma que utiliza para narrar dicho fenómeno. El film peca de ambicioso, y se pierde en un guión poco definido, en que los géneros no conjugan, ni provoca la risa de la mejor comedia negra, ni nos abruma como drama social. Randy Feldman aspira a mucho con su curioso guión, pero se queda muy en el camino. La película consigue en ciertos momentos una actitud tan inconexa, por parte de la unión de géneros, los personajes...que resulta aburrida. El guión no solo a veces se pierde, retratando equívocamente una historia que podía haber dado mucho más, sino que diseña personaje, muy dispares, algunos muy bien conseguidos, pero otros simples clichés que no aportan nada a la trama. Si la raíz hubiese sido más sencilla, más pulida, la copa habría evolucionado con una soltura extraordinaria, ahí el gran error del film. Construir la casa por el tejado. Querer afililar los colmillos, sin saber como hacerlo. Por otro lado ante tanto entramado, De la Iglesia hace un trabajo realmente poco meritorio como director, que en cierta manera es solventado por un equipo técnico que viene marcado por un ágil y excelente montaje, un sonido creativo, una fotografía inteligentemente engañosa, y una caracterización acertada, que marca de forma decisiva los elementos, las piezas personalizables de estas relaciones materializadas por la sociedad de los medios. Destacar un reparto bastante acertado, José Mota y Salma Hayek aunque se esfuerzan enormemente y sus trabajos son bastante buenos, no son lo mejor del film, a nivel interpretativo. Los secundarios, de lujo, le roban todo el protagonismo. Como el prodigioso Fernando Tejero, totalmente perverso, y la aguda Blanca Portillo, desternillante y fugaz. Un correcto periplo de situaciones diversas, en torno a un materializado entramado, que conecta perfectamente con esta actual sociedad de los medios, pero a la que falta garra y saña para poder atrapar y satirizar con acertada seguridad.

Lo mejor: Su actualidad.


Lo peor: La inconexa mezcla de géneros.