martes, 22 de noviembre de 2011

Crítica: El niño de la bicicleta


El niño de la bicicleta: 9(*****)
Vuelta de los hermanos Dardenne, y esta vez retomando una redonda y aclamada pieza del pasado, "Rosetta". Esta parece el preludio de un complejo puzzle que desemboca en esta fina aproximación a la infancia llamada "El niño de la bicicleta". Parecía inevitable la caída en la repetición, el convencionalismo o el uso excesivo de una fórmula exitosa, pero sin embargo la sorpresa fue mayúscula, pues aunque la película guarda hechos y rencores del film que le antecede emocionalmente, su entramado, su construcción, su complejidad y riesgo la convierten en una obra de perfecta armonía y de una solidez devastadora. Los hermanos Dardenne saben convertir lo cotidiano, en maestría pura. La historia de Cyril parece común, pero su complejo juego de emociones, y el desglosado y valiente análisis de los personajes le da una fuerza tridimensional a la historia. Estos hermanos son expertos en tratar las emociones humanas y en analizar las complejidades del carácter humano, tratan lo conflictos con detalle y respeto, y dan una visión única y sincera de la niñez. La honestidad, el valor, la esperanza y la lucha están presentes en un film de una profundidad innegable. Jean-Pierre y Luc nos cuentan la historia de un niño sin esperanza, y de una mujer que se la quiere otorgar luchando contra si misma, de una manera muy honesta, y configurando una necesaria pieza de revisión a la hora de analizar y moralizar sobre las personas y los sentimientos humanos. Una de las claves del film, a parte del sello indiscutible de los Dardenne, es la excelente elección del reparto, que nos regala escenas de una exuberante credibilidad, especialmente esa excelente pareja protagonista. Cécile de France demuestra que es una de las mejores actrices del panorama europeo, pues su interpretación le da al personaje un matiz totalmente sincero y emocional, y que complementa la excelente interpretación de ese niño, Thomas Doret de mirada triste, de expresión desconcertante, que atrapa al espectador desde el primer fotograma y no lo deja respirar, sino que se lo lleva consigo para envolverlo en la angustia que siente y padece. Con ellos se funde una esperanzadora fotografía, y unas sinfonías totalmente clásicas que marcan con acierto los ritmos del conflicto. Una pieza profunda, única e impresionante.

Lo mejor: El profundo análisis psicológico de los personajes llevado a cabo por los Dardenne.

Lo peor: Que su sencillez pueda esconder su enorme grandeza.