martes, 6 de marzo de 2012

Crítica: Mi semana con Marilyn


Mi semana con Marilyn: 6(***)
Un icono como Marilyn Monroe merecía un film de este tipo. Una historia curiosa, que refleja un momento de su vida en el que se manifiesta la contradicción entre el trabajo, el esfuerzo, el talento y la magia de las estrellas. Pues con ello nació Marilyn, una muchacha con bastantes problemas psicológicos, que impedían su desarrollo tanto como actriz como persona, pero con una estrella, un encanto que le convirtió en ídolo de masas. Su loca masificación como icono del cine y de la moda sigue ocupando cada uno de los rincones de nuestra vida social. El viaje a Inglaterra para grabar "El príncipe y la corista" supuso un cambio importante tanto para la propia Marilyn, que vio que su reinado en Hollywood no era tan sólido en Inglaterra, como para el resto del mundo, que dejó de ver su encanto, su idealización, para ver una mujer humana, y muy débil en todos los sentidos, pero sin duda mágica. No fue ni una gran actriz, ni una gran persona, fue una luz cegadora, que a día de hoy nadie sabe como pudo enamorar tanto, y como sigue haciéndolo. Simon Curtis, debutante, arriesga con un proyecto de tal envergadura, que no solo atraviesa las debilidades de este ídolo de masas, sino que se sumerge en una noña y pasajera historia de amor, que perjudica por todos lados el correcto desarrollo argumental. No por la circunstancial historia, fuente directa del libro, sino por la forma que se le da en la gran pantalla. La película es precisa, concisa, pero muy simple, cayendo por momentos en la cursilería, en la palabra fácil, debido sobre todo a la condensación convencional de una equitativa parte del metraje que inunda de agua el resto, dejando apenas sin respiración a las partes que arquetipan el esqueleto de este proyecto. El guión con algún que otro momento lúcido, como la desnudez de Marilyn en la bañera, carece de fuerza y entereza necesaria para conducir con soltura y decisión el film. Tampoco la dirección es demasiado buena, ni la factura técnica sobresale. A destacar el acertado vestuario, y en general la ambientación. Quizás esperábamos más en todos los sentidos de esta película, le falta pulso, ritmo, y grandes logros técnicos, algo que esperábamos sobradamente, por la buena carta de presentación, y el jugoso proyecto. Aunque hay algo que no defrauda, y son ciertos actores que cargados de talento, dejan sin aliento e impiden el naufragio. Tanto Judi Dench como Kenneth Branagh, eclipsan con sus veteranas imágenes que reflejan una madurez cargada de talento, pero a la vez de una energía sorprendente y que dejan en la sombra al insípido protagonista Eddie Redmayne, el cual presta su bello rostro y su brazo para la gran apuesta del film, Michelle Williams. Ella es Marilyn enteramente, reconstruye sus gestos, sus miradas, su forma de ser, con absoluta credibilidad. Además crea pasiones y odios como la mismísima señora Monroe, una interpretación memorable. Solo por contemplar un trabajo tan excelente, merece la pena ver un film vacío de forma y contenido, y que prometía demasiado para lo que ofrece.

Lo mejor: Michelle Williams.

Lo peor: Le falta pulso, fuerza y ritmo.