martes, 13 de septiembre de 2011

Crítica: En un mundo mejor


En un mundo mejor: 8(****)
Un complejo film sobre la paternidad, la guerra, la duda acerca de los verdaderos valores, la cuestión de la vida y la lucha por la supervivencia. Una historia que apasiona y conmueve, un reflejo de como el mundo sufre, y como ante esto adoptamos una actitud totalmente pasiva, sin enfrentarnos a las dificultades que día a día nos encontramos. La historia del médico, la historia de los niños, todas están relacionadas y quieren manifestar los errones que cometemos en situaciones extremas, como tenemos que decidir, guiados por el corazón o la cabeza, una duda universal y moral, que se nos presenta a lo largo de nuestra vida. Eso manifiesta la película mediante diversos caminos. Un film elegante y conmovedor, pero que cae en el sensacionalismo, a veces se vuelve algo panfletario, y adopta ciertas posturas que desconciertan al espectador por su caracter sensacionalista. Este es el principal error del film, ya que funciona muy bien y se desarrolla con valentía y fuerza, pero la resolución de los conflictos a veces es demasiado simple, demasiado idealista, algo que no se compatibiliza con la realidad. Pero a pesar de esto nos encontramos con un gran film merecedor del Oscar, y que funciona gracias a una directora imponente e impresionante, Susanne Bier, la cual maneja la película con perfección. El guión también resulta efectivo y el equipo técnico brilla, destacar un genial montaje, una buena banda sonora, increíble maquillaje y peluquería, una notable ambientación, un creativo sonido, pero sobre todo una fotografía extraordinaria, la cual dibuja la luz, el color, y las sensaciones de la vida, un trabajo absolutamente sobresaliente, que cierra un equipo técnico excelente. En cuanto a los actores, sin llegar a brillar hacen unos papeles aceptables, destacar a la desgarradora madre Trine Dyrholm, y dos niños que brillan y elevan el nivel de la función, William Johnk Nielsen y Markus Rygaard. Un film conmovedor y necesario, pero que hay que llevarlo a nuestro terreno.

Lo mejor: La excelente fotografía y los dos niños, William Johnk Nielsen y Markus Rygaard.

Lo peor: Su carácter sensacionalista.