domingo, 18 de enero de 2009

Crítica: Mi nombre es Harvey Milk


Mi nombre de es Harvey Milk:9,5(*****)
Mis expectativas se habían cerrado ante este film, viendo críticas, que decían que era un ducodrama, o un reportaje sobre la vida de Harvey Milk. A pesar, de todo ello y con el rabo entre las piernas, atravesé las dos puertas del cine, y viendo un trailer de "Valkyrie" me acomodé en mi butaca. La espera de cinco minutos se me hizo interminable, pero por fin empezó la película con unos créditos asustantes y firmes a lo que había leido en otras críticas. Pero, estaban equivocadas, es una película preciosa y muy emocionante, repleta de buenos momentos. Momentos verdaderamente alucinantes, con sencillo humor y gran temple. Una historia real, a la que hay que mirar con profunda tristeza, viendo como se trataba a los homosexuales, no diferente de los demás, eso ya lo vemos ahora, sino que se les trataba como basura, como marginados sociales, sin merecerlo, ni beberlo. Este hombre luchó por conseguir la igualdad absoluta y es lo que demuestra, que a pesar de este mundo de homófobos y xenófobos, todavía existe un ápice de esperanza que busque la verdad y la felicidad. Es una historia de amor, de amistad, de recuerdos, en la que mucha gente se verá indentificada con alguno de los personajes. Dejando al lado, la esencia de la película, nos encontramos ante un brillantísimo reparto, encabezado por el sublime Sean Penn, y el espléndido James Franco, infravalorado, demuestra a lo largo de la película, que está mucho mejor construido su personaje, que el de Josh Brolin, y demuestra que la industria americana, le otorga los premios a quien le viene en gana, porque su interpretación nada tiene que envidiar a la de Heath Ledger. El reparto, en general, hace un trabajo respetable. Una dirección del maestro Van Sant, espléndida. Un guión muy ameno y entretenido. Una música de Oscar, toda la partitura es una verdadera maravilla, es preciosa, merece elogios, porque es brillante y adorna el bello montaje de la película. La película refleja la realidad, con actores maravillos, ambientación espléndida, música emotiva, guión y dirección triunfales. Que más se puede pedir. Van Sant se va haciendo un nombre en la historia del cine, poco a poco, con sus obras de arte.


Lo mejor: Las interpretaciones de Sean Penn y James Franco y la química entre ellos. La brillante música.

Lo peor: Su rechazo por ciertos sectores de la sociedad actual.