viernes, 3 de mayo de 2013

Crítica: Ayer no termina nunca

"Vuelve la realizadora catalana más internacional con una apuesta arriesgada, singular, intimista. Un retrato sobre la crisis en su concepto más amplio a propósito del momento histórico en el que vivimos. Coixet reflexiona sobre la fuerte crisis moral que asola nuestro tiempo a través de este intenso diálogo entre dos personajes latigados por el destino, por las circunstancias de un momento difícil. El pesimismo y el optimismo se enfrentan, y al final el primero toma su amplio abanico sobre el segundo, para encauzar la vertiente más terrible de nuestra vida. Un retrato de una sociedad que se desnuda como maltratada, como inconsciente de el dolor que está provocando a las generaciones siguientes. La tesis de esta directora atemoriza por su pronóstico, por su bestial lenguaje que se dirige al espectador sin rodeos, de forma directa y honesta. No hay un ápice de artificiosidad de en este "tour de force", que a veces cojea por la necesidad de contextualizar en extremo, y por lanzar de forma sugerente críticas al gobierno que nos dirige en este momento, perdiendo en ocasiones la valentía reflexiva sobre temas más grandilocuentes como al amor, la necesidad, el cambio, la superación...Temas que son tratados de forma sincera, aunque a veces de forma bastante superficial, quizás porque diseñar un diálogo entre dos personas, y que mediante un hecho concreto se pueda convertir en el pronóstico de un país y de una humanidad en decadencia, puede provocar cierta tediosidad, y escasa profundidad. Y ahí está el riesgo de querer elaborar este tratado sobre los valores humanos, que Coixet consigue con nota, aunque no con maestría, como cabría esperar muchas veces de ella. Aún así se agradece tanta honestidad en la gran pantalla, cuando las armas de la frivolidad quieren en estos momentos tomar el Séptimo Arte. Independientemente de un guion labrado con pulso y una dirección certera, la cinta funciona muy bien técnicamente, gracias en parte a la valentía de su realizadora, que conforma un universo visual único y hace partícipes de él a un maravilloso director de fotografía, Jordi Azategui, que conforma una paleta de luces y colores absolutamente estimable. Él mismo conforma un trabajo de montaje único, que se une a un manjar sonoro, que diseña con detalle un relato agotador. Pero sin duda la gran fuerza de esta arriesgada obra reside en dos actores en estado de gracia, que se desnudan completamente para ofrecernos una lección magistral. Tanto un persistente Javier Cámara, como una desgarradora Candela Peña, elevan y mantiene un listón que muy pocos actores pueden conseguir. Su duelo interpretativo desborda humanidad, y te contagia su lava allá por donde avanza. Ellos son dos almas desbordadas que representan una crisis emocional que está llevando a la humanidad a su peor desenlace."

Lo mejor: Un duelo interpretativo de altura entre Candela Peña y Javier Cámara.


Lo peor: Ciertas posturas políticas que desvían el buen transcurso del film.

NOTA: 8(****)