jueves, 3 de septiembre de 2020

Crítica: Las niñas

"Volver a los 90 ha venido resultando un acto de nostalgia, casi romántico, quizás llevado por el ejercicio de la memoria selectiva de una nueva hornada de creadores, que vivieron o nacieron en los albores de una década tan contradictoria como esta. Pilar Palomero, firme en sus convicciones y en su retrato, da un revés a todo ello, y nos ofrece una cara ciertamente desconocida. La de una realidad duramente fustigada por el abrazo del machismo, el heteropatriarcado y el conservadurismo religioso. Entre mujeres y sobre mujeres se nos cuenta una historia que habla del dolor, del dolor por la falta de liberación, del ejercicio de sumisión, y del desconcierto ante la falta de una educación sentimental. Y hablamos de educación sentimental, porque la falta de este sustantivo acompaña las vivencias de Celia, la protagonista, completamente aislada en sus silencios ante la incomprensión de un mundo que no le da voz, ni lugar. Desde la fría vivencia de su castigada madre, las contradicciones de una nueva etapa, hasta la condena moral de una educación que no la entiende y no quiere entenderla. Estas y otra líneas acompañan un viaje que nos adentra en las entrañas de lo que fue una época, y que irremediablemente conecta con nuestra forma de entender el presente. Todo ello, esculpido desde la máxima sensibilidad, y atendiendo de una manera constante al ejercicio de sutileza. Pilar nos aborda una realidad fervientemente dura y hasta trágica, construyendo un engranaje que al deconstruirse encuentra matices y complejidad para poder acercarnos con mirada y criterio a lo que se nos está contando. Todo ello definido de una forma precisa en una fotografía que haciendo homenaje a la revolución del formato doméstico, y conjugando luz entre las sombras nos empapa de honestidad y credibilidad, al compás de un juego con múltiples matices sobre el espacio físico, virtuosismo del preciso trabajo de dirección artística, sin olvidarnos de los juegos de montaje que contraponen el silencio de Celia a el ruido y la distorsión de una vivencia sin respuestas y con numerosas preguntas. Aunque sin duda, lo que hace especial a estas "niñas" es la generosidad de un reparto femenino de caras desconocidas, en el que Andrea Fandós demuestra un gran potencial dramático, siempre acompaña de esa madre, Natalia de Molina, que en la ausencia compone otra arrebatadora interpretación. Ellas elevan la sensibilidades de una película compleja, que late con fuerza, y encuentra en sus minutos finales al compás de la bella canción original de Juan Carlos Naya "Lunas de papel", un acto heroico de reivindicación femenina y feminista, y uno de los mejores finales de este extraño 2020."

Lo mejor: La generosidad de "las niñas" en este duro revés a una época sin florituras.


Lo peor: No atender a la complejidad del retrato que se nos ofrece.


NOTA: 7,5(****)

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