domingo, 14 de diciembre de 2014

Crítica: Rastros de sándalo

"María Ripoll, realizadora de intermitente aportación a nuestra cinematografía, apuesta en su nueva obra por una producción de dimensiones más grandes combinando texturas y modelos de diferentes países. Una película de tintes sociales, pero también con una historia de amor al más puro estilo hollywoodiense. El film en su arranque parte de una premisa de antropología social muy propia de los cines periféricos, para pasar a una introducción en el mundo de Bollywood, y finalizar con una mezcla entre el más puro melodrama de la gran industria norteamericana fusionado con pequeños detalles locales, que casi se antojan como mero contexto, sin ser decisivos en la construcción fílmica del relato. La película está completamente partida, con un arranque interesante, plasmado con una sensibilidad admirable, que se deshace cuando la historia alcanza el tiempo presente y comienzan los lugares comunes y los clichés para desembocar en una historia edulcorada y sensiblera, con un final que se antoja hasta risible. Tampoco Ripoll tiene especial talento para detallar con mimo e inteligencia la plasmación audivisual de esta adaptación. Su postura es muy académica, y su construcción del relato acaba derivando en un intento de transgresión más que fallido. No obstante, en contraste, el trabajo técnico es bastante meritorio, en especial la ambientación y sobre todo un juego fotográfico notable que rescata con maestría de esas imágenes anodinas brillo y color. También el reparto afronta la función con bastantes logros dentro de las limitaciones que ofrecen sus planos personajes. Admirar el esfuerzo de Nandita Das y de Aina Clotet por dar veracidad a la impostura más absoluta. También hay que rescatar que dentro de la escasa capacidad cinematográfica de su realizadora, ese posicionamiento puramente convencional consigue al menos dotar de un interesante ritmo a la película, la cual se antoja fácilmente digerible. Un film que poco interesa, ya que, a pesar de que su luz y sus miradas tienen cierta expresividad, su deambular excesivo por los tópicos más manidos del melodrama más convencional resulta hasta molesto."
Lo mejor: Un notable trabajo fotográfico.

Lo peor: Sus clichés excesivos y ciertas fórmulas trilladas que convierten en pedante un relato que aspiraba a mucho más.


NOTA: 4,5(**)