martes, 27 de octubre de 2015

Crítica: El Rey de La Habana

"Si uno sigue la trayectoria de un realizador tan particular como Agustí Villaronga, dará cuenta de las miradas tan expresivas de las que disfruta nuestro cine, y que durante muchos años han sido desterradas al abanico exclusivo de la cinefilia. Uno de esos ejemplos, es este magnífico realizador catalán, que con una poética única ha compediando una obra de ricas derivaciones y admirables posturas. Ya han pasado unos cinco años desde que irrumpiera en San Sebastián con su obra más aplaudida, para ahora abarrotar las salas del certamen con un ejercicio completamente diferente, en contenido y formas. Sobre el despiadado y crudo artefacto narrativo de Pedro Juan Gutiérrez, Villaronga nos adentra en la Cuba de los años 90, bajo su particular óptica. Sobre las miserias de la novela, Villaronga se mueve entre el drama y la comedia, sin perder de vista, aunque moderando las formas, los excesos de la obra precedente. En este vaivén entre los dos géneros, se quiebra la película y surge el mayor lastre del film, pues ni la crudeza adquiere dosis realistas que impacten al espectador, ni la comedia afina sus formas para resultar hilarante. Se quiere poner humor a tanta miseria, y lo único que se consigue es convertir tantos excesos en un ejercicio efectista, que se sigue con admiración, pero que al mismo tiempo no traspasa, no remueve, ni logra provocar la mínima empatía con el espectador. Se echa en falta un guion más meditado, mejor pulido, que de verosimilitud a todo el conjunto, que por momentos atiende a la deriva del artificio. En contraste a una estampa social fallida, emerge una mirada, que ya había hipnotizado, y que una vez más vuelve a lograrlo. Villaronga suple como puede las carencias de la película y la dota de una magnificiencia audiovisual que resulta magnética y que convierte en notable un film labrado bajo un guion insuficiente. También, en este compendio expresivo aporta de forma destacada una labor técnica admirable, desde los conseguidos efectos especiales hasta la extraordinaria dirección artística. De igual modo, no podemos olvidarnos de quizás la mayor alabanza de esta película. Hablamos de un reparto en estado de gracia, que si bien no encuentra en su protagonista (Maykol David) la suficiente entereza para defender su personaje, si que contempla la entrega absoluta de una admirable Yordanka Ariosa y un incendiario Héctor Medina, que roba absolutamente el protagonismo de todas las escenas en las que interviene. Ellos aportan esas dosis de sangre, de carne, de realismo y de vida, que por momentos pierde este cuento tan extremo, que viaja entre las carencias de un guion impostado y la poética de un director admirable."
 
Lo mejor: Yordanka Ariosa y Héctor Medina.



Lo peor: Un guion artificioso e insuficiente.



NOTA: 7(****)