miércoles, 26 de octubre de 2016

Crítica: Que Dios nos perdone

LXIV FESTIVAL DE CINE DE SAN SEBASTIÁN:
"La partida cinematográfica nacional de este año está ofreciendo una amalgama amplia de thrillers de gran calidad técnica y artística. Rodrigo Sorogoyen, aquel director que pasó de la comedia más convencional a un cine dramático intimista, acepta en su nueva película uno de los mayores retos de su filmografía a nivel de producción. La dimensión de la propuesta es mayor a sus antecesoras, la fusión entre género y realidad también adquiere matices más complejos, y la vocación comercial de su ejercicio se advierte más clara. Esta fusión de ingredientes conforman una película que a pesar de una línea dominante, combina con más o menos atino una serie de estrategias y géneros. El arranque de la cinta, y la definición de los personajes se presenta irregular, pues el guion intenta acudir a cierto estereotipo, y en general, a una acumulación de rasgos forzados, que apelan en numerosas ocasiones al humor, y que sacan completamente de la trama. La acumulación de elementos de diversa índole en esta primera parte del trayecto satura, a la vez que provoca cierto distanciamiento por su conjunción dispar y a veces forzada. No obstante, en su segundo tramo, cuando la película se encarrila a una tendencia más concreta y los acentos dramáticos se acentúan, acaba derivando en un ejercicio sólido que te mantiene en tensión hasta un final rico por su aluvión de matices y su resolución formal. Es una lástima que un film que gana tanta entereza, se presente en primera instancia tan desilachado, pues la apreciación final mantiene un valor dispar. Con ello, hay que apreciar a niveles generales la calidad técnica de la cinta, el potente discurso de Rodrigo Sorogoyen y sobre todo el trabajo de sus actores. El completo ejercicio de los secundarios (en especial un inspirado Javier Pereira gracias a un personaje muy jugoso), respalda la dicha de dos actores inmensos. Si Antonio de la Torre una vez más convence, lo de Roberto Álamo es apoteósico. La composición de este último, llena de matices, brilla por su absoluta destreza y su completa entrega a un personaje que provoca sentimientos encontrados, pero que sin duda provoca admiración por su amplias dimensiones de configuración. Su valentía engrandece un film que podría haber jugado sus cartas de una manera más concisa, en vez de atender a la pretensión de acumular elementos supuestamente trascendentes e innovadores."
 
Lo mejor: Un brillante Roberto Álamo.



Lo peor: La primera parte de la película.




NOTA: 6(***)