jueves, 29 de diciembre de 2016

Crítica: La reina de España

"Mucho y nada bueno se ha hablado de la vuelta de Macarena Granada y toda su troupe al cine. Dosis de formulación destructiva que han acudido a la injusticia más clara, pues las dialécticas extracinematográficas han empañado la digestión de este ejercicio de vuelta, dieciocho años después. Obviando la hecatombe que unas palabras desafortunadas y oportunistas han provocado, hay que valorar lo contemplado atendiendo a su propia definición, dejando de lado agentes externos que en mayor o menor medida pueden empobrecer un discurso por la contradictoria paleta de vaivenes sociopolíticos que tanto empaña nuestro país. Si la película comienza atendiendo a la nostalgia más pura, y nos devuelve a la maravillosa realidad armada a finales de los noventa, poco a poco el subrayado, la definiciones forzadas, y un continuo abuso de empaquetados, hacen que la película resulte por momentos ridícula. Y esto lo advertimos en un ejercicio que intenta ir más allá de lo que ofrece, pero que debido a su impostura continua, y a la falta de frescura y desparpajado que rezumaba su antecesora, se queda en un entretenido ejercicio cómico que acaba explotando el adjetivo de lo vacuo. No obstante, con sus enormes y visibles defectos, la película contiene virtudes muy claras, y entre ellas asistimos a una sólida factura técnica, en especial un extraordinario ejercicio de ambientación, donde vestuario y peluquería ponen la clave de excelencia. Así como una música del gran Preisner que con originalidad y sensibilidad acompaña con firmeza todo el metraje. Del mismo modo, que es innegable el aporte interpretativo, donde Loles León vuelve a demostrar su gran capacidad para la comedia y Penélope Cruz reafirma su versatilidad y extraordinario carisma para explorar los senderos más inhóspitos y convertirlos en magia, pues con su nueva Macarena Granada así lo afirma. La visible posición de sus derivas más admirables, hacen que la fallida y hasta risible construcción central se mantega siempre a flote, al margen de discursivas que nada interesan para atender a la definición de las expresiones cinematográficas."
 
Lo mejor: Penélope Cruz, los trabajos de vestuario y peluquería y la música de Preisner.


Lo peor: El subrayado y enlatado continuo a los que asiste la película.



NOTA: 5,5(***)