lunes, 2 de enero de 2017

XIX Festival de Málaga. Cine español. Reseñas:

El rey tuerto:
"Orquestada en clave teatral, el debut de Marc Crehuet acumula una ristra interesante de intenciones que podrían haber catalizado en una solvencia mayor a la lograda. Con un arranque vibrante, y una puesta en escena exquisita, la película va perdiendo los estribos y acaba derivando en el claro alboroto de quien estructura varias partidas que al final no encuentran una resolución eficaz a cada una de sus necesidades. Es una lástima que las cojeras de un guion irregular, que resuena hasta chapucero, venzan la enérgica labor de todo el conjunto. Desde la riqueza formal otorgada por Crehuet, pasando por la solidez técnica y finalizando en el inspirado reparto, donde Alain Hernández compone uno de los ejercicios más estimables de la producción patria de este acabado año."

NOTA: 5,5(***)

La noche que mi madre mató a mi padre:
"Nadie podría presagiar que a una carta de presentación tan pobre correspondería una película tan estimulante. Un film de derivas muy teatrales, que a pesar de ciertos defectos de puesta en escena, y unos excesos atropellados, congrega con frescura un aluvión de hilarantes situaciones. Situaciones favorecidas por un guion, que con ciertas caricaturas, configura personajes interesantes, armados de diálogos ingeniosos, que al final perpetuan una síntesis reflexiva que va más allá del simple ejercicio cómico. En este sentido, las virtudes de la cinta se magnifican en la voluntad y entrega de un excelente reparto, desde la notable Belén Rueda, pasando por el extraordinario Eduard Fernández y terminando con el desparpajo absoluto de la mejor María Pujalte hasta la fecha. Un film, que te hace viajar por los senderos más divertidos, acudiendo a cierto ingenio en detrimento de los excesivos subrayados tan recurrentes en este tipo de cine."

NOTA: 7(****)

La punta del iceberg:
"El universo kafkiano que representa el mundo empresarial, y más atendiendo a un contexto tan convulso como el que vivimos, ha visto la luz del Séptimo Arte en muy contadas ocasiones, aunque la mayoría de las veces a través de sólidas posiciones. David Cánovas debuta, a través de una fábula sobre las esquivas derivas de este tipo de esferas, con un ejercicio muy bien pensado, pero que no siempre alcanza cotas de interés. El problema no reside en las armas que maneja la cinta, sino en la forma de utilizarlas. La falta de garra, provocada por una explosión audiovisual muy rudimentaria y la combinación nada ventajosa de subrayados y desdibujos, hacen que la película acabe resultando insuficiente en su deseo de llegar con fuerza a la mente del espectador, el cual acaba asistiendo a un retrato bien planteado, pero que requiere de la fortaleza que ciertas antecesoras en la temática contenían. Con ello, es de admirar la precisión de la cinta y el ejercicio conjunto de un sólido reparto, capitaneado por una eficaz Maribel Verdú, ferviente guía de un ejercicio que se desliza hacia la nada por momentos."

NOTA: 5,5(***)

Quatretondeta:
"La muerte y sus tratados cómicos siempre han sido un arraigo muy particular en nuestra construcción artística, pues sólo nosotros entendemos el conjunto de ritos que se orquestan en torno a la misma de una manera tan única. Bajo esta premisa, nace este film que rinde honor a un rincón de nuestra geografía. Ya que entre el llanto y la risa, se hace mención, y muy especial a la interesante partitura costumbrista de la zona, como representación simbólica del alto interés folclórico que despierta nuestro país. La película avanza a trompicones, y nunca llega a encontrar esa frescura que queda atrapada entre forzadas decisiones narrativas, que poco a poco merman el interés de una cinta, que en su rareza encuentra sus máximos atractivos. La falta de mala baba, y cierta agilidad en el discurso, son las carencias más claras de un relato al servicio de ese gigante llamado José Sacristán, que una vez más hace vribrar la pantalla y esta vez flanqueado por la solidez interpretativa de Sergi López, Laia Marull o Julián Villagrán, entre otros. Su enorme gesto nos atrapa en una película muy imperfecta, pero a la vez de gran interés por adentrarse en caminos de complicada resolución."

NOTA: 6(***)


Rumbos:
"Manuela Moreno, conocida por sus curiosos cortometrajes, afronta su segundo largometraje, proponiendo un ejercicio más maduro en cuanto a formas y contenidos. Estas historias sobre cuatro ruedas arman un puzle muy atractivo de emociones que navegan hasta los rincones más cotidianos, y de esta manera, planean sobre nuestra conciencia más ciega. Los rumbos de la vida toman el compás de un ejercicio que gira de forma continua sobre la sensibilidad de quien se entrega al placer de su visionado, pues con sus defectos, la película consigue tener un halo de magia que muy difícilmente consiguen algunas películas. Ya que, a pesar de los desniveles entre historias, y ciertos pasajes monótonos, así como un final innecesario, la película logra transmitir con firmeza el aluvión de sensaciones de sus historias para que la empatía se convierta en el principal motor de atracción hacia la misma. En este exquisito logro, tiene mucho que decir la valentía de un reparto inspirado (atención a una Pilar López de Ayala pletórica), que concentra la necesaria aportación humanística que requiere la cinta."

NOTA: 6,5(***)

Toro:
"Si Kike Maíllo ya sorprendió por la solvencia de su notable debut "Eva", de nuevo vuelve a demostrar su enorme capacidad para configurar con solidez historias que pueden parecer simples, pero que gracias a sus aportaciones se desvían por caminos de gran complejidad. Así arrancaba la premisa de "Toro", una película que a priori parecía alimentarse de ciertos convencionalismos, pero que si uno se atreve adentrarse en sus propuestas descubre un universo único. Pues dentro de las fervientes posiciones del género que maneja, plantea una estética muy peculiar, consiguiendo que ciertos escenarios se redefinan al servicio de uno de los ejercicios más solidos de este finalizado año. Cierto es, que hubiese sido de agrado pulir ciertas decisiones narrativas, que a veces se desvían por la vía del exceso, pero con ello, es notable la conjunción de los diversos elementos que arman la película. La calidad técnica de la misma es sobresaliente, desde los conseguidos efectos especiales, pasando por el montaje y terminando con las labores de ambientación. Es inevitable no admirarse por tanta perfección formal. De igual modo, que la labor del reparto resulta encomiable, poniendo especial atención a la evolución dramática de Mario Casas y a un José Sacristán, una vez más, extraordinario. Con sus claros defectos, y su particular apuesta estética y narrativa, es innegable aplaudir esta cinta como una de las más completas del año, gracias en gran parte al ingenio de ese realizador llamado Kike Maíllo."

NOTA: 7(****)