viernes, 8 de noviembre de 2013

Crítica: Keep the Lights On

"Bajo un envoltorio y una forma "queer" nos llega esta historia de amor. Un relato de precipios emocionales, de abismos sentimentales y de un completo holocausto de circunstancias humanas. Mediante esta historia de amor desarrollada durante varios años, la película analiza ciertos esquemas sociales, las psicologías antagónicas de dos personajes y la fuerza de ese estado tan sobrevalorado llamado amor. Aunque el film peca de exceso a la hora de seguir la evolución emocional de estos dos "luchadores", y su lenguaje visual resulta poco curtido, unido a una puesta en escena mejorable, nos encontramos ante una obra honestamente real. Duele verla, duele sentirla, porque hay belleza en ella, pero también hay dolor. Nos sentimos cómplices de uno de los dos protagonistas y de los dos a la vez, y aceptamos el duro partir de la vida, aunque nuestras lágrimas rocen nuestras mejillas, unidas a un sentimiento melancólico de haber tenido en nuestra vida lo que la pantalla dibuja. "Keep the Lights On" no necesita construir un clímax reconfortante, para poner "enchochamiento" en lugar de verdadero amor, simplemente despliega sus armas de forma directa, a veces resultando algo áspera, pero efectiva, pues no tiene ni un mínimo miramiento a la hora de ofrecer una visión sobre el amor, bella, dolorosa, tierna, sincera y honesta. Ni logros técnicos, ni excesivos adornos. Puede que su director merezca ciertas lecciones a la hora contar una historia con imágenes, pero sin duda merece ser alabado por la pasmosa credibilidad de su propuesta. Credibilidad que se rinde al trabajo de dos actores en absoluto estado de gracia. Con una química extraordinaria, y unas composiciones de gran humanidad, tanto Thure Lindhardt como Zachary Booth, ofrecen un recital interpretativo realmente admirable. Con ellos reímos, lloramos, nos enamoramos y finalmente sufrimos, sintiendo que ellos han representado con una veracidad abrumadora nuestras experiencias, y nuestros sentimientos si alguna vez hemos llegado a vivir lo que estos dos seres de carne y hueso han tenido entre manos."
Lo mejor: Las gigantescas interpretaciones de Thure Lindhardt y Zachary Booth, así como su asombrosa química.

Lo peor: Ciertos extremos innecesarios y un lenguaje visual poco curtido.


NOTA: 7,5(****)