lunes, 17 de febrero de 2014

XXVIII Premios Goya: El año del consenso y la reconciliación.

Tras muchos meses de espera llegaba una de las noches más ansiadas por mucha gente(incluido un servidor), que desde mediados de año ya habíamos barajado posibilidades en el palmarés y las nominaciones a los galardones nacionales, sin apartar nuestra atención a los diversos festivales del territorio español, que muchas veces indican el camino que tomarán estos premios. Era la noche de la ilusión, la emoción, la esperanza, los nervios. Era otro año más para celebrar, pues a pesar del descenso destacado en calidad respecto al año anterior, las pésimas cifras de taquilla, y las continuas trabas de un gobierno incompetente y corrupto, la producción nacional había sido capaz de sacar "pecho" con títulos muy diferentes y muy singulares. Era nuestra noche, la noche de mucha gente que seguía emocionándose y era capaz de emocionar a través de obras mágicas. Por eso la gran espera, una espera que empezaba con la habitual alfombra roja que con respecto a otro años se movía con el adjetivo de la moderación, ni muestras excesivamente deslumbrantes, ni intentos descarados de ser extravagantemente incorrectos. Destacar la belleza con la que se pasearon Aura Garrido, Nora Navas, Ana Belén o Silvia Abascal, porque por lo demás no fue excesivamente la velada de la moda. Estos preámbulos avecinaban una gala que en términos generales estuvo bien, ritmo envidiable, pero que no deslumbró. No sobrepasó los límites de la corrección porque Manel Fuentes no era la persona más capacitada para una gala de este tipo. Su excesiva frialdad y corrección le obligaron a sobreactuar y manejar los chistes sin apenas gracia. Menos mal que los vídeos de las películas nominadas, memorable el dedicado a Caníbal, nos hicieron reír a carcajadas, y los amigos de Museo Coconut nos regalaron un momento muy agradable. Pero no sólo acudimos a una moderación en tonos de celebración, sino también a un reparto de premios, lleno de sorpresas y destinado al consenso. No ganaron ni "La herida", que venía avalada como la gran favorita, o "Caníbal", excelentes y arriesgados proyectos que sucumbieron a una buena, pero excesivamente cómoda película. La Academia saldada cuentas con uno de sus grandes nominados sin premio, David Trueba que se llevó hasta tres Goyas tras muchos años sin tocarlos, también su intérprete principal, Javier Cámara, tras 5 nominaciones sin premio, conseguía su "cabezón" a la sexta oportunidad. Ganaba la película del consenso, la que mayor número de críticas positivas había cosechado, aunque no excesivamente entusiastas como las que recibieron sus competidoras más arriesgadas. La reconciliación se hizo presente a tráves de los dos ya citados, Cámara y Trueba y de Terele Pávez, la cual protagonizó uno de los momentos más emocionantes.Y las cifras se repartieron, seis para "Vivir es fácil con los ojos cerrados", dos para "La herida", dos para "La gran familia española", uno para "Caníbal" y ocho galardones para "Las brujas de Zugarramurdi", que hacía historia como la primera película que había alcanzado tal cifra sin estar nominada a las categorías principales. No sólo hubo sorpresas en la producción ficticia nacional, las categorías de documental, iberoamericana y de animación, no pararon de sorprender. Como grandes damnificados del reparto de premios, la cinta de Querejeta, "15 años y un día" y un Antonio de la Torre, que a pesar de su doble candidatura consecutiva, se iba de vacío y con una cara un tanto amargada, diferente a la del año pasado. Fue la peor premiación de la Academia en mucho tiempo, pues en tiempos de crisis, riesgo, y supervivencia, se laureó excesivamente la propuesta menos arriesgada. En cuanto a reivindicaciones, frente a la excesiva politización del año anterior, la Academia dejó de lado los discursos panfletarios para remarcar las limitaciones impuestas al sector, que se verbalizaron con contudencia en el discurso del presidente, que demostró una gran honestidad. Muestra de las necesidades nunca cubiertas que atraviesa nuestra industria cinematográfica.

Lo mejor:
-Los triunfos de "La herida" y "Caníbal"(Supieron a poco).
-La emoción de Terele Pávez y el público en pie para ovacionarla.
-El discurso de Trueba cuando recogió su Goya a mejor guion original.
-La contundencia y la honestidad de las palabras de Enrique González Macho.
-La sencillez y la magia de Jaime de Armiñán.
-Los momentos cómicos de Museo Coconut y los sketchs de algunas películas nominadas.
-El buen ritmo de la Gala.
-La belleza de Aura Garrido, Silvia Abascal y Ana Belén.

Lo peor:
-La sobreactuación y el llamativo maquillaje de Manel Fuentes.
-La reiterativa postura reivindicativa de Javier Bardem(Ya huele demasiado). 
-El excesivo laureo a "Vivir es fácil con los ojos cerrados"(No era el año de Cámara, De la Torre y Fernández estaban impresionantes).
-El robo en mejor guion adaptado a uno de los mejores guiones del año (Por supuesto hablamos del de "Caníbal")
-Ocho Goyas para "Las brujas..." eran demasiados, mejor sonido y mejor montaje debieron haber premiado apuestas más arriesgadas.
-La ausencia histórica del Ministro de Cultura(Críticas a su ausencia más que justificadas.)
-Las payasadas sin gracia de Álex O´Dogherty y la patética actuación musical.

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